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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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12-08-2013

 

 

 


 

 



La Gran Electora

 

 

 

SURda

Opinión

 

Argentina

Horacio Verbitsky

 


A diez años de iniciado el primer gobierno kirchnerista y en medio de una profunda crisis económica internacional, el Frente para la Victoria habría obtenido con sus diversos aliados provinciales una suma en todo el país equivalente o superior a la de las legislativas de 2009, la única elección con la que es legítimo comparar. Escrutadas siete de cada diez mesas, superaba a las cuatro principales fuerzas de oposición sumadas.

Las cifras precisas terminarán de conocerse hoy y esta nota fue escrita anoche, por lo que la evaluación se ceñirá a líneas generales, sometidas a revisión. Conducido por la presidente CFK, el oficialismo ratificó su condición de primera fuerza nacional. Que pese a ello los medios del Grupo Clarín, propios y asociados, hayan decretado su derrota, oponiendo las Primarias Legislativas de ayer a las presidenciales de 2011, muestra que sólo sumando peras con manzanas consiguen disimular su desasosiego y seguir editando la realidad de acuerdo con sus contrariadas intenciones.

Si las posiciones de ayer se repitieran en las legislativas de octubre, mejoraría la representación gubernativa en la Cámara de Diputados y la mantendría en el Senado o sufriría alguna leve merma. Salvo una avalancha en una u otra dirección, cosa que ayer no se produjo, ambos resultados eran previsibles, por dos razones:

- En una cámara se renuevan las diputaciones asignadas en 2009, el peor año para el oficialismo, y en la otra las senadurías electas en 2007, cuando CFK llegó por primera vez a la presidencia. Por eso, ponía en juego pocas bancas en Diputados y más en Senadores.

- Es imposible sumar los votos de las distintas fuerzas opositoras, dada la falta de afinidad entre ellas. Mientras el Frente para la Victoria tuvo una representación homogénea en todo el país, el resto de las preferencias se dispersó en boletas incompatibles: Unen y PRO que estuvieron parejos en la Capital, el Frente radical-socialista en Santa Fe, el Peornismo Opositor en Córdoba. Estas representaciones fuertes en sus distritos no han alcanzado proyección nacional, aunque Unen encabezó en la Capital y PRO logró una buena elección en Santa Fe y se estableció en Córdoba. Sólo la UCR (superada por la sofisticada pareja Carrió-Solanas en las Primarias de Unen en la Capital pero triunfante en Mendoza), mantiene, aún disminuida, una estructura que supera los límites distritales, resabio del viejo bipartidismo.

Una consideración aparte exige la provincia de Buenos Aires, también por dos razones: es el principal distrito electoral del país, donde votan 38 de cada cien empadronados, y tres de las cuatro mayores fuerzas forman parte del Justicialismo, cuyo comportamiento suele seguir el modelo del reloj de arena, con deslizamientos de una posición a otra hasta la reconstrucción del todo en el polo opuesto.

Escrutado un tercio de las mesas, el Frente Renovador de Sergio Massa aventajaba por cinco puntos a Martín Insaurralde. Pero el Frente para la Victoria prevalecía por la misma diferencia en las listas de diputados provinciales. El significado de esta diferencia deberá ser estudiado en detalle con vistas a octubre.

Al cierre de su campaña Massa dejó de ocultar quiénes son sus patrocinadores. No tuvo reparos en anunciar ante un banquete de grandes empresarios su programa presidencial: seguridad jurídica para las empresas privadas, desideologización y desregulación, reformulación de alianzas internacionales, generación de confianza para atraer inversiones, superación de fricciones con “el campo”, mejora de la competitividad industrial tocando el tipo de cambio; mirar al futuro y no al pasado, volver a endeudarse en el mercado financiero; permitir que los bancos vuelvan a intervenir en el sistema jubilatorio; establecer una política de metas de inflación, lo cual implica ajuste sobre salarios y gasto público; luchar contra la corrupción, replantear la política energética y garantizar la independencia de la Justicia.

Buena parte de los simpatizantes del Peornismo Opositor denarvaezta se corrió ayer hacia el Frente Renovador, lo cual limita las posibilidades de crecimiento de Massa en lo que resta. En cambio, es posible que el mayor conocimiento de Insaurralde en los próximos 75 días acerque más su desempeño a los índices de aprobación de Cristina. La victoria de Massa parecía clara, pero el Frente para la Victoria no acusaba el golpe con el mismo dramatismo de 2009, cuando el candidato superado fue el propio Kirchner. La diferencia se veía en los rostros sonrientes de anoche y en la serenidad del discurso presidencial.

En cualquier caso, ningún bonaerense pudo alcanzar la presidencia, ni siquiera después de la reforma constitucional de 1994 que reemplazó el amortiguador Colegio Electoral por el distrito electoral único donde la provincia hace valer su peso. Y los resultados de medio término en la provincia no tienen reflejo automático en las presidenciales siguientes. Antonio Cafiero se impuso en 1987 pero al año siguiente perdió las internas presidenciales con el riojano Carlos Menem, que en 1989 desplazó del gobierno a la UCR. Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa fueron batidos por Francisco De Narváez en 2009 y no obstante CFK ganó las presidenciales de 2011 con la mayor diferencia de los 30 años de democracia.

En ese mismo período 1983-2013 sí tuvieron valor predictivo los resultados nacionales en las elecciones de medio término. Quien se impuso en ellas ganó siempre la presidencia dos años después: el justicialismo bajo alguna de sus diversas encarnaciones en 1989, 1995, 2003, 2007 y 2011; el radicalismo y sus aliados en 1999. Que el Frente para la Victoria parta con esa decisiva ventaja para las elecciones ejecutivas de 2015 no permite aventurar pronósticos sobre las candidaturas que competirán entonces.

Quienes se horrorizan ante la perspectiva de un cuarto mandato del kirchnerismo proyectan para entonces una disputa entre Daniel Scioli y Sergio Massa. Pero la forma en que Cristina subordinó al gobernador (sin concederle nada de lo que reclamaba ni dejarle otra alternativa que el alineamiento incondicional), y con un candidato desconocido, en apenas dos meses de campaña redujo a la mitad la ventaja inicial del intendente de Tigre, sugiere que esta idea es tan prematura como inconsistente y que ningún análisis tiene sentido si ignora que Cristina sigue siendo la Gran Electora para 2015.



 
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